JOAN LARA AMAT Y LEÓN
“La espalda del mundo: Sobre las causas del fracaso de los derechos humanos”
en García Manrique, Ricardo y Ruiz Sanz, Mario (eds.),
El Derecho en el cine español contemporáneo,
Tirant lo Blanch, Valencia, 2009.

ISBN: 978-84-9876-518-2

Fecha de publicación: julio de 2009.

Indice del capítulo:
1. Introducción
2. Descripción de la película
3. La vulneración de los derechos humanos, de la periferia al centro
4. Conclusión: tres efectos y una causa
5. Epílogo a los 60 años del fracaso de los derechos humanos
6. Ficha de la película
7. Bibliografía

[Ficha del libro en la editorial]

[Índice del libro]

 

Cuatro décadas con Marat-Sade

     MARAT-SADE. Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat, representado por el grupo teatral de la Casa de la Salud de Charenton bajo la dirección del señor de Sade.

     Autor: Peter Weiss. Versión: Alfonso Sastre. Dirección: André Lima. Compañía de teatro: Animalario [www.animalario.net]. Año: 2007.

     En esta Experiencia terapéutica libre a cargo del equipo médico del Sanatorio Psiquiátrico “Doctor Nervión” y con la colaboración de la compañía teatral Animalario, según reza el subtítulo de la adaptación de André Lima, se ha sabido evitar la pretensión de emular las anteriores versiones, como por ejemplo la que fue llevada al teatro y al cine por Peter Brook en 1967 y ha sabido crear un lenguaje propio con una lectura desde el presente. En aquellos años la obra de Peter Weiss contó con una versión al castellano de Manuel Sacristán, junto con las de Alfonso Sastre, la cubana de Virginio Piñeira y algunas otras más. Me refiero a aquellos años de aquella España franquista en la que había que escribir con pseudónimo y que en la representación de Marat-Sade de Alfonso Marsillach la policía secreta se hallaba entre el público.

     En el preludio de los cuarenta años de Mayo del 68, cuando se asiste a la representación de André Lima y Animalario es difícil no tener presente el recuerdo de la magnífica versión de la Royal Shakespeare Company dirigida por Peter Brook que por suerte fue llevada al cine y que es fácilmente encontrable. Pero afortunadamente cada una tiene su espacio, la versión de Peter Brook es más histórica y respetuosa con el texto de Weiss, en cambio la de André Lima es una versión más libre y actual que le da frescura a la obra original. La que presentamos aquí es más cercana, más agresiva, más explícita, más radical y más contemporánea, adecuada a nuestros tiempos. En ella se mezclan pasado y presente y cada uno acaba de dar significado al otro. Habla de nuestras luchas, nuestras ilusiones y nuestras contradicciones. Junto al discurso demoledor de la obra de Peter Weiss (con resonancias de Artaud, Brecht, Focault…) sobre las instituciones penitenciarias-psiquiátricas, los falsos progresismos, el papel de la iglesia, el nacionalismo, la guerra, la monarquía, la libertad de pensamiento domesticada… Se añaden referencias sobre nuestro contexto: la Guerra Civil, nuestra monarquía, nuestra política… que la hacen más cercana y le aporta un sentido actual a Marat-Sade, pasando a ser fundamentalmente una reflexión sobre nuestra sociedad contemporánea.

     En esta nueva versión de Marat-Sade se despliega todo un juego de ironías que devienen en sátiras con la complicidad del espectador que actualizan la obra. Un continuo pedir disculpas por decir cosas que están pasadas de moda a oídos acostumbrados a discursos más convencionales sobre la bondad de las normas, sobre la virtud de las instituciones, y sobre el bla, bla, bla. Es a ese sector al que representa Charlotte Corday, la asesina de Marat, que escribió “Una llamada a los franceses, amigos de las leyes y de la paz”, símbolo de la contrarrevolución. Otra vez muere la revolución a manos de la contrarrevolución.

     Como en un ritual, eterno retorno de aquello que no queremos olvidar, hoy vuelve a morir Marat a manos de Charlotte Corday. En esta evocación en cadena la obra de teatro de André Lima nos trae actualizada aquella adaptación de Alfonso Sastre de 1968, a su vez, de aquella incendiaria obra de Peter Weiss de 1964-5, sobre aquellos eternos filósofos políticos de finales del siglo XVIII. Hoy Jean Paul Marat y el Marqués de Sade retoman su eterno diálogo sobre la revolución donde lo dejaron, mientras el coro repite: “Nosotros somos pobres; no nos dan ocasión. No esperes hasta mañana, dice nuestra canción”. La revolución social dialoga con la revolución individual, ambas derrotadas: la primera asesinada y tergiversada, la segunda confinada en cárceles, manicomios y escuelas.

     Del cuchillo de Charlotte, de su bello rostro y de sus bellas palabras (como ahora), llega el imperio y con él la guerra. Todo ello para un público que vive inmerso en un tiempo de contrarrevolución, del aniquilamiento de Mayo del 68, de nuevos napoleones, césares y otras barbaries.

[Joan Lara Amat y León]

Publicado en mientrastanto.e, 48, junio 2007.

 

 Una película de “perdedores”

Marcelo Piñeyro, El método
España-Argentina-Italia, 2005, 120′.

     Es agradable encontrarse con una película que dependa exclusivamente del trabajo de los actores, ni lujosos escenarios ni fuegos artificiales, sólo los actores ante la cámara en una historia que se desarrolla en el claustrofóbico espacio de una sala de reuniones. Está basada en la obra de teatro de Jordi Galcerán (El método Grönholm) todavía en cartelera, y su trama gira en torno a un proceso de selección de personal de unos ejecutivos que aspiran a alguno de los innumerables puestos de dirección que existen en las interminables pirámides burocráticas de las corporaciones. Es una “metáfora de las relaciones de poder que se construyen en la sociedad contemporánea y la particularidad de los vínculos que estas relaciones producen entre los individuos”, según palabras de Piñeyro.

     En las corporaciones, los métodos de selección de personal son parte del sistema de reproducción social de la administración taylorista: son pedagógicos, tanto sirven para contratar como para despedir y el seleccionador es un mero operario-ejecutor de una política de personal ya decidida en alguna fase anterior. Por ello el método es simplemente una mediación que permite dar un barniz de objetividad a una elección basada en prejuicios y estereotipos. Con ello se consigue descargar de la responsabilidad personal de la decisión y se banaliza la ejecución transformándola en un juego competitivo.

     De este “juego” trata nuestra película, en él unas personas se hallan forzadas a comportarse al modo hobbesiano (como un lobo para el hombre), colaborando en el proceso de selección y decidiendo ellos mismo la expulsión de cada compañero. Todo ello en un juego cuyas cartas están marcadas y es imposible ganar con unas reglas que determinan el resultado. Y la participación de otros candidatos no sirve más que para “legalizar” la elección del elegido y ocultar la discriminación por razón de sexo, edad, creencias… Un complicado método para que al final gane el de siempre.

     Por ello es una película de “perdedores” en la que la lógica de empresa arrasa contra cualquier ética personal que pudiera suponer un obstáculo en sus “objetivos” sean cuales sean. Las personas viven una contradicción entre sus ideales y las estrechas grietas que el sistema permite para llevarlos a cabo. Pierden los que la corporación considera afuncionales: se pierde por el simple hecho de ser mujer, ser “mayor”, tener una mínima conciencia ecológica o no someterse a los procedimientos de autoridad de la burocracia kafkiana. Pero hay diferentes modos de perder porque también los hay de ganar y en esta paradójica competición gana el puesto el que pierde en su vida. Todos pierden, gana la empresa.

     Mientras, en la calle se desarrollaba una manifestación antiglobalización, cuyo paisaje desolado tras la represión de los antidisturbios es un reflejo del estado en el que quedan las conciencias de nuestros personajes, tan próximos. Pues día a día, en cada pequeño lugar, en cada persona, también se desarrolla una batalla política.

[Joan Lara Amat y León]

Publicado en mientrastanto.e, 30, noviembre 2005.

Reflexiones actuales sobre mayo del 68

Hans Weingartner, Los Educadores
Alemania-Austria, 2004, 126′.
Fecha de estreno: 15 de abril de 2005

La segunda película del director Hans Weingartner (que además comparte el guión y la producción) nos presenta esta reflexión sobre las dificultades a que se enfrentan los movimientos de izquierda actuales. Está basada en situaciones reales que vivió como okupa en Berlín. Esta película, que en su versión original se titula “Los años de las vacas gordas han terminado”, es una historia en continuo diálogo con mayo del 68, que en estas cuatro décadas nos ha permitido contemplar el triste paso de hereje a inquisidor de algunos de sus protagonistas. Los triunfadores de aquella generación, que pasaron de idealistas a pragmáticos, están demasiado ocupados en sus nuevas responsabilidades (el poder y el dinero) para añorar sus errores de juventud. Los que “tienen demasiado” son el objetivo de los Edukadores, tres amigos convertidos en grupo de acción político-pedagógico, que se dedican a entrar en las mansiones y crear el kaos en el flácido orden burgués a través de sus poéticas performances que realizan con los objetos de lujo que encuentran. Todo sea dicho, acciones un tanto naïf pero que desembocan en una serie de temas fundamentales. En primer lugar, el conflicto entre la política de los grandes discursos y la micropolítica cotidiana del cara a cara, del cual no todos salimos airosos. En segundo lugar, la violencia como límite de la política, porque no todos los medios son válidos para llegar al fin y hay atajos que degradan los ideales por el camino (en esta reflexión resuenan los ecos de fondo de Baader-Meinhof). Un tercer tema lo encontramos ejemplificado en un triángulo amoroso que revela las tensiones entre el amor libre, el feminismo y la moral imperante. Todo ello sucede en un contexto de precariedad social muy cercano, aunque sea Berlín: empleos basura, autoritarismo empresarial, elevados alquileres Narrado de forma ágil y, lo más importante, sin moralinas insípidas. Para finalizar, una frase de Weingartner al estilo de Paul Lafargue: “No os quedéis parados ¡rebelaos! Se pasa bien”.

[Joan Lara Amat y León]

Publicado en mientrastanto.e, 26, junio 2005.